El vino de Rioja es mucho más que una bebida; es el resultado de una geografía privilegiada a orillas del río Ebro, donde el clima atlántico y el mediterráneo se cruzan para crear condiciones ideales. Su prestigio se basa en un sistema de clasificación riguroso que garantiza el tiempo exacto de crianza y el origen de cada uva.
La uva Tempranillo es el alma de esta región, aportando estructura y elegancia, a menudo acompañada por variedades como la Garnacha, el Graciano o el Mazuelo para añadir frescura y longevidad. Los suelos arcilloso-calcáreos y ferrosos otorgan a estos vinos una mineralidad y acidez muy características.
La Rioja es maestra en el uso de barricas de roble (americano y francés). Según su tiempo de reposo, encontramos desde los Crianza, frescos y frutales, hasta los Reserva y Gran Reserva, auténticas joyas de complejidad aromática que desarrollan notas de cuero, tabaco, vainilla y especias dulces.
Presenta un color rojo rubí brillante. En nariz es complejo, con una entrada de fruta roja madura que da paso a matices tostados y balsámicos. En boca es redondo, de taninos pulidos y sedosos, destacando por un equilibrio excepcional y un final largo y muy refinado que evoluciona maravillosamente en la copa.





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